Virginia mata
Posted by El Perfecto Idiota | Posted in Opinión | Posted on 11-11-2009
Etiquetas: Asesino tarot, pena de muerte, Virginia
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Matar empieza por m de morir, será porque cuando alguien mata, alguien muere. Me asusta la capacidad de matar porque es un arma incontrolable. La mente que es capaz de tomar la decisión de apretar el gatillo tiene un concepto de la vida de poco peso. Y la mente que es capaz de matar muriendo tiene más peligro que una caja de bombas, porque esos están más volados que una candela de papeles. Dos comparaciones en la misma frase fruto del miedo que tengo a que pueda matarme alguno de estos tarados. Tarados que además no me conocen de nada, como a la mayoría de sus víctimas, que suelen ser personas inocentes y anónimas que hacían su vida en el momento en el que el contador de la cuenta atrás llegaba a cero, para la bomba y para sus vidas, que sincronizaron sus relojes.
Hoy he sobrevolado mi casa a mediodía, el tiempo justo para comer y salir pitando para la oficina a echar la tarde liado con unas cosas y con otras, gajes del oficio. En el rato que he estado viendo las noticias he oído hablar del asesino del tarot y de una ejecución en Estados Unidos. No sabía si al que iban a dar matarile era el fulano del tarot o si eran noticias distintas. Se me quedó pegada a la oreja la noticia y hace un rato he leído en internet de qué va la cosa. Efectivamente, van a mandar al otro barrio al asesino del tarot, que ya en 2002 hizo lo propio con diez personas inocentes que vivieron para morir bajo el fuego de su fusil perfectamente engrasado. La muerte siempre llega, sólo que en estos casos de forma sorpresiva y antes de tiempo. John Allan Muhammad, que es como este martes al atardecer dejará de llamarse nuestro protagonista, va a someterse a la inyección letal.

Aunque parezca que trato de forma frívola esta forma de matar, me aterra tanto o más que la que puso en práctica el también llamado francotirador del D.C. No, me aterra más, me acojona, me hace temblar. Nunca he sido muy amigo de ejercer autoridad sobre nadie y casi siempre he defendido la capacidad de obrar de cada uno desde el respeto a la libertad de los demás. Nadie puede decidir sobre la vida de los otros, ni el Estado, por supuesto. Siempre hay soluciones que impiden al reo repetir el delito por el que ha sido condenado, en estos casos a muerte. La cadena perpetua, por ejemplo. Entre matar y aislar, prefiero aislar, que es matar en vida sin matar. Con eso sería suficiente. Que el Estado asesine a un asesino, por más personas que se haya llevado por delante, es pretender imponer unas reglas morales absolutamente inmorales. ¿Quiénes somos para decidir cuándo otro debe morir? No somos nadie.
Asumido que el asesino del tarot se ha topado de bruces con la carta de la muerte impuesta, con la carta chunga de la baraja, me preocupa un aspecto mucho más cercano. En los cinco comentarios que he leído de la noticia, comentarios de lectores internautas de este país, hay un factor común: todos abogan por la pena de muerte. Esto sí que debe preocupar.
Mientras escribo, en Virginia debe estar cayendo la tarde y un dedo va a activar el descenso del émbolo de la muerte, va a empezar a correr una mezcla explosiva, el último cóctel, química institucional para hacer justicia matando. Virginia mata.









