Soy un hombre prudente. Sólo tengo gratitud ante mis padres por la educación recibida y por esa inculcación de prudencia que me ha convertido en un hombre prudente en mis actos y en mis palabras.
Esta noche pasada, la noche de los júas, el precio de la imprudencia ha sido muy alto. Tan alto que ha sido la vida. Pero no, no podía perderse ni un minuto y se perdió la vida. Montones de cinco minutos por venir que se han ido de golpe y porrazo, esfumados entre las duras ruedas de un tren. Los que han salvado la vida han tenido suerte porque era para no salvarla.



