Tener riqueza en el vocabulario es de halagar y no es frecuente. Saber adjetivar es inteligente si se hace bien, porque no sólo se denota el ejercicio mental de comparación, sino que se refleja esa riqueza lingüística que permite calificar cada cosa justamente.
La belleza también es subjetiva, pero dentro de unos cánones medianamente establecidos y admitidos, podría decir que el mundo está hasta los topes de gente fea.



