De gilipollas está el mundo lleno hasta las trancas, pero con esperado anhelo de que no quepan más. Mas siempre nos sorprende la realidad inmisericorde: van entrando en el saco uno, y otro, y otro y maroto el de la moto. Pensé que el cotarro estaba saturado de gilis, pero no, llamaron a la puerta y entraron veinticinco de golpe. No me diréis que participar en un concurso de resistencia en saunas no es de gilis porque lo es, de gilis y de campeonato.



