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Playas de Marbella

Posted by El Perfecto Idiota | Posted in Opinión | Posted on 23-08-2010

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Este fin de semana lo he pasado en Marbella, disfrutando del sol, algunos amigos y las playas de la ciudad costasoleña. Conozco más o menos a fondo Marbella desde hace unos ocho años, y no tengo tan mal recuerdo de las playas como el que me he llevado en estos días. Estar en la playa de Marbella era estar en un hormiguero atestado de personas, sin espacio entre los bañistas que tomábamos el sol en la arena o, al menos, hacíamos el intento.

La cueva del chino

Posted by El Perfecto Idiota | Posted in Inclasificables | Posted on 09-11-2009

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Lo mismo que voy a echar la quiniela, voy a la farmacia por frenadol o entro en la cueva del chino. El chino kudeiro tiene un local que es la caña, creo que ha ido uniendo locales adentrándose en las entrañas de los edificios hasta conseguir una superficie nada despreciable que ha convertido en un auténtico laberinto. Tiene de todo, hasta medicinas en la trastienda y sala de masajes a cinco euros, lujo oriental de la China de los emperadores, trabajos finos. El local es tan grande que tiene escaparate en siete calles. ¿Que no? Que sí.

Lo que quieras lo tienes allí dentro, desde herramientas para electricistas, para albañiles o para fontaneros, hasta papanoeles escaladores de dudoso gusto. Productos para todo el año y material de temporada. Es que tienen de todo, los jodidos, hasta una sección de maquillajes de los que usan en la meca del cine, todo bueno, bonito y barato. Made in P.R.C., como casi todo lo que se fabrica y llega a nuestras manos. Ahora están en plena campaña navideña y la oferta de bolas, espumillones, portales de Belén, papanoeles y todo tipo de complementos tintados de rojo es impresionante. Esta mañana una compañera del trabajo estaba mirando por si se compraba unas zapatillas de Papá Noël, le hace ilusión tenerlas rojas y llevar los pies calentitos, dice que así se las pone a juego con su pijama de Mamá Noël, que está a punto de sacar del armario. Tiene que estar para comérsela. Todo un lujo de oferta. Lo que pienses, allí lo tienes.

Que levante la mano quien no haya comprado alguna vez en un chino de barrio. No veo ninguna levantada. Lo suponía. Todos hemos sucumbido a las orientales mercaderías.

Desde luego no podemos negar que los chinos son trabajadores infatigables, muchos de estos locales no cierran ni domingos, ni festivos, ni fiestas de guardar. Ahí están cada día con esos ojos siempre sonrientes, pendientes del negocio que les ha permitido salir corriendo de esa China tan próspera, tan comunista y tan progre, que crece por el efecto indudable del capitalismo global. Si tanto crece la economía China, ¿qué hacen saliendo sus habitantes a países donde en lugar de crecer decrecemos? Algo tendrá que ver la libertad, o mejor dicho, la ausencia de ella en su lugar de origen.

Muy anteriores a estos supermercados de todo lo imaginable son los restaurantes chinos que tanto han proliferado en todo nuestro país, aunque de esos y de su comida teclearemos otro día. El peor en que he comido, en Palencia, una noche de domingo, nos pusieron platos de plástico. No dábamos crédito a mil kilómetros de distancia.

De momento quedémonos con el espíritu emprendedor de los ciudadanos chinos que viven fuera de China y con toda esa montaña de papanoeles escaladores para hacer una pira con ellos la noche del 24 de diciembre.