La Esteban
Posted by El Perfecto Idiota | Posted in Opinión | Posted on 04-11-2009
Etiquetas: Belén Esteban, Campanario, G-20, Mejide, Ubrique
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Hasta las mentes más ilustradas habrán dedicado algunas letras a La Esteban, aunque sean pocas. No veo mucho la televisión porque suele aburrirme, pero ayer por la noche, en la inercia de ver la tele plana que nos ha regalado mi suegra, eché un ojo al programa que presenta el divertido Risto Mejide, G-20. Aunque el nombre del programa nos evoque las ambiciones infantiloides del presidente por accidente (me tomo la licencia de usar este término ya acuñado), no reúne a los más poderosos del planeta, ni mucho menos. Ayer, desconociendo por completo el formato del espacio de entretenimiento, me encontré compartiendo sofá de Ikea al presentador y a la que han bautizado como “la princesa del pueblo”, conocida en los ambientes como La Esteban. Comenzaron sometiendo a la interesada a las opiniones que telespectadores del programa habían dejado en el contestador telefónico. La verdad es que alguna que otra ciertamente hiriente (todas). Y no me extraña porque el bombardeo de cutreza ya pasa de castaño a oscuro. Ante las descalificaciones introductorias La Esteban aguantaba el tipo con esa cara chula de boxeador machacado, de pómulos oscurecidos, ojos saltones y tabique cuasi inexistente por el tráfico de química. Además, que se le iba el índice de vez en cuando y se tocaba la base del hueso de la nariz, como un tic, sin quererlo. Risto, haciendo un severo ejercicio de autocontrol, casi consiguió no reírse a lo largo de la entrevista, aunque hizo movimientos con la boca muy extraños para evitar la risa y no pudo evitar alguna que otra sonrisilla. Un momento estelar de la interviú fue cuando le pregunta por el último libro que ha leído y dice ella que el último que ha leído lo está leyendo ahora, es decir, que es el último y el primero. El primero de Millenium, por cierto, va por la página treinta y tantos y dice que no va a enterarse hasta que llegue a la cien. Desolador.
Ojo, que yo no tengo nada contra el hecho de que La Esteban tenga su sitio en la televisión.

Continúo. Presumía de que con su trabajo mantenía su casa y a todos los que están detrás, entiendo que no detrás de la casa, sino a todos los que incluye “su casa”. Encomiable, desde luego. Hablaba de dos hermanos en paro y de su madre que cobra, como ella dice, una pensión de mierda como mucha gente de este país. Pues mire, señorita, su madre cobrará la pensión que le corresponda según su contribución a la Seguridad Social. Sea mierda dada o regalada. Y digo que no me molesta que semejante personaje esté ocupando un espacio en la televisión porque se ha ganado el sitio a pulso. Y es esta la explicación de todos los problemas: las televisiones ofrecen lo que los televidentes quieren ver. Este país con su nivelito deficiente dedica muchas horas del día a ver, escuchar, oír la televisión, y lo que las porteras quieren es eso, a La Esteban diciendo que por su hija mata, que Jesulín por aquí, que la Campanario por allá, que si he fregado escaleras, que si he estado en casas, que si plancha, que si limpia, brilla y da esplendor. No nos extrañemos, las televisiones no apuestan de forma arriesgada con sus contenidos, ofrecen lo que saben que se va a ver: basura. Y eso es lo que tenemos con contadas excepciones: basura.
Como dijo el amante de Ubrique en dos palabras: im-prezionante.













