Esta mañana por motivos laborales, o sea, porque me debo a una obligación para poder comer, tuve que retener mis deditos destrozones, que desde el sábado por la noche estaban nerviosos tras haber sido sometido a la visualización de un programa de telebasura en T5. Decir T5 y asociar con contenidos basura es cada vez una conjunción más extendida e inevitable, porque la cadena no hace más que centrar su programación entorno a la Princesa del Pueblo (pueblo llano, muy llano, rayano en la ineptitud absoluta) y sus aventuras, desventuras y facilidades con la interpretación de la lengua española, que es el lenguaje.
La pasada semana, en el hervor de contenidos que ebullen en la olla de T5, hicieron mención a una encuesta realizada para la cadena, según la cual, Belén Esteban se convertiría, de presentarse a las elecciones, en la tercera fuerza representada. Por delante incluso de IU, que ya es pisar fuerte en el tatami de la política española. Y la culpa no la tiene Belén Esteban, ni mucho menos. Pero ni muchísimo menos. Ella bastante tiene con haberse buscado las habichuelas aunque sea de esa forma tan ordinaria y, como usó Sánchez Dragó en ese mismo programa, grotesca. El adjetivo no lo usó el escritor en este sentido, pero como me hizo gracia, lo tomo yo en este otro. Y para quien quiera mirar el significado en la R.A.E., lo tomo en divertida unión de las dos primeras acepciones, porque lo de la Esteban es ridículo, extravagante, grosero y de mal gusto.
Decía que la culpa no es de la aspirante a presentadora, periodista y contertulia, la culpa es del plantel político de este país. Hoy un conocido y profesional malagueño del mundo 2.0 se refería a España, en un diálogo que hemos mantenido por otros asuntos, como país de pandereta. Y es cierto, señores, tan cierto como que los políticos, que son las personas encargadas de dirigir el país, han dado lugar con su acción a que la pérdida de respeto por su trabajo sea tal, que quepan este tipo de encuestas. La admiración por la política hace muchos años que se perdió. Generaciones hay que han nacido ya sin ella. Jóvenes que no sabrían decir con certeza cuántos vicepresidentes tiene el Gobierno de España, aunque todos los que me leéis sepáis que son cuatro. Y son cuatro porque cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos me la guardan y ya estoy en el nirvana.
De todo esto quienes tienen que tomar buena nota son los políticos, porque ellos son el referente. Ellos deberían ser espejos de dignidad y honradez donde mirarnos. Ellos deberían estar en un estatus que originara respeto en el ciudadano, porque dirigir una nación es una cosa muy seria. Tan seria que es un ejercicio de absoluto desprendimiento y generosidad. Y tan lejano de este planteamiento se cuecen las habas, que estamos hartos de ver cómo la corrupción salpica a unos y a otros de forma indistinta. De ver cómo en todos los partidos son los chupatintas de hábiles manos los que llegan a tocar pelo. Arriba no llegan los más preparados, los más doctamente instruídos, los que tengan mejores conocimientos para dirigir la nación. Arriba llega el amigo de tantos años del partido, el listo que supo subir escalones entre la mediocridad imperante. El más listo entre los tontos.
Este es el ejemplo que se transmite. Esta es la película. En blanco y negro. Una película sin final ilusionante, previsible, asquerosa, de dos rombos. Estos son los que tienen la culpa de que se hagan encuestas para valorar la capacidad política de Belén Esteban. Y todavía se reirán de la comparación, cuando mediante la misma se les está colocando en el mismo plano.
Ser lo que soy me ha costado mucho esfuerzo, años de estudio y preparación, convocatorias y convocatorias para la superación de exámenes que muchos de vosotros ni imagináis. Si a mí, a mi profesión, la compararan con una advenediza con pelo tirante, coleta de barrio y semejante oratoria, me mordería la lengua en primera instancia, mantendría la calma en segunda, y pensaría cuál es el fallo en tercera. Pues ellos, los políticos de carrera, los que no vivirían fuera de la política, seguro que ni se lo plantean, creerán que todo es miel sobre hojuelas, que el público permanece admirado a la espera de su mensaje. Y no es así, porque la mayoría pasa del mensaje y se conforma con un plato caliente. Y el resto, los que sí que estamos a la espera del mensaje, vamos aguantando las arcadas por el camino.




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Me sumo al grupo de aquellos a los que estudiar les costó sangre, sudor y lágrimas y que ganan en 1 año lo que esta señora percibe mensualmente por lucir esa jeta de rape y sus modales de choni rica.
El lugar en el que estamos es, francamente, desolador. Lo que estamos enseñando a las próximas generaciones es, sencillamente, repugnante. La posible solución a tanto desacierto está, desgraciadamente, lejos.
Enhorabuena por la reflexión. Saludos.