Adiós guapa
Escrito por El Perfecto Idiota | Clasificado en Opinión | Escrito el 05-07-2010
Etiquetas: coletillas, fea, Fernández de la Vega, guapa, Leire Pajín, lenguaje, modas
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Tener riqueza en el vocabulario es de halagar y no es frecuente. Saber adjetivar es inteligente si se hace bien, porque no sólo se denota el ejercicio mental de comparación, sino que se refleja esa riqueza lingüística que permite calificar cada cosa justamente. Es claro que el calificativo es cuestión subjetiva y que lo bueno para ti puede no serlo para mí, puede ser algo regular o incluso malo, muy malo. Al margen de la coincidencia, lo que se echa de más, lo que abunda, la moda, la coletilla, es tirar de adjetivo porque no te acuerdas del nombre de la persona con la que te has encontrado en el parque o en un pasillo del sitio donde trabajas. O incluso, a sabiendas del nombre y de la facilidad de interpelación, prefieres la tendencia innovadora. Por supuesto, también en los saludos por teléfono.
Estoy harto de escuchar, sobre todo entre las féminas, guapa por allí y guapa por allá. “¿Hola guapa, qué tal el callista? Bien, como siempre, revisión mensual de las uñas de los pies. Me alegro que todo fuese bien. Adiós, guapa. Hasta luego, guapa, gracias por preocuparte.”
Este guapa diría yo que incluso no funciona como adjetivo, sino que lo hace como una especie de sustantivo (pido ayuda a los lingüistas porque yo me dedico a otros menesteres). Esto es lo de menos. Lo de más es la moda del guapa, el abuso absurdo que raya en el patetismo de la cutreza lingüística. Y lo digo porque el guapa no es sincero, porque no todas las personas que te encuentras o con las que hablas por teléfono lo son, ni mucho menos, en absoluto. La belleza también es subjetiva, pero dentro de unos cánones medianamente establecidos y admitidos, podría decir que el mundo está hasta los topes de gente fea. Y por eso este uso es probabilísticamente insincero. Si dijéramos “hola fea”, estaríamos mucho más cerca de acertar y ponernos del lado de la verdad, aunque sea cruel.


Fijaos, escuchad a vuestro alrededor, incluso escuchaos si tiráis de coletillas del lenguaje, os sorprenderéis hablando con la Vicepresidenta Primera del Gobierno y despidiéndoos con un adiós guapa. O con la Secretaria de Organización del Partido: “Guapa, ¿me pasas tus apuntes de filosofía política?” ¿Pura falacia? No, ni mucho menos, porque la falacia necesita de la inteligencia del adjetivador para pretender hacer daño al adjetivado, que al mismo tiempo necesita de esa inteligencia para darse cuenta de que no es un cumplido. Cuestión de bellezas raras y de abusos del lenguaje.














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Yo me atrevería a añadir que el “guapa” al que te refieres viene acompañado en demasiadas ocasiones de connotaciones ocultas, cargado de cinismo, competitividad femenina, hipocresía y envidia, lo que resta aún más su valor como calificativo, y lo relega al grupo de los significantes a ignorar para centrarnos en su significado real.
Sergio, insisto en que, si bien en algunos casos puede ser cierto lo que dices, en la mayoría el uso del guapa no es más que una coletilla del lenguaje que se dice sin pensarla. Es como el “¿me entiendes?”, el “¿vale?”, o el “¿no?”, con los que a veces rematamos algunas de nuestras frases habladas.
Gracias por tus comentarios, numerosos a lo largo de la vida de este blog.
Es cierto que la fealdad abunda y cada vez más. Pero también es verdad que hay mucha gente guapa de forma de ser y ésto es lo que realmente debe importar. Confieso que yo suelo decir :hola guapa, pero sin hipocresía, me sale con agrado. A mi abuela todo el mundo le parecía guapo, decía que eramos la familia de los bellezos con toda su buena voluntad. Y tengo que añadir que de un ojo veía poco y del otro nada porque de pequeña jugando en Plaza de Bibarrambla se clavó un pequeño cristal. Pero ella así.. todo el mundo guapo y bueno. Que lastima que ya no se digan piropos por la calle, no hay una cosa más castiza y agradable de oir cuando es con respeto.Recuerdo el último que me dijeron hace un par de años en la c/Maestranza, regresabamos mi marido y yo de hacer deporte, él iba unos metros por delante, y me dijeron guuuaaapaaa!!!, al llegar a casa se lo conté y me contestó: si vamos…qué dices.. qué historia estás montando…Aquello me sentó fatal, cómo me podía yo montar esta película? perteneciendo a la familia de los bellezos y además que se plantease que yo a otra persona le pareciese guuuaaapaaaa!.. Lo bueno ocurrió al día siguiente y a la misma hora(bien temprano) yo con cara desencajada y sudorosa (del deporte) y el individuo apostado en el mismo sitio y mi marido varios metros por delante. Este guuuaapaaaa! fué más fuerte y llenándosele la boca. Para que os voy a contar lo que se armó mi marido se fué para él a pegarle diciéndole improperios y yo los separé porque se metían mano, cuándo ya nos íbamos el pobre hombre decía no ve como se ha puesto, total por decirle guapa, qué me hace si le digo fea.. por la calle Cervantes yo oía guapa, guapa…con más cabreo para mi marido.
Abuela Angi, lo primero es agradecer la gran cantidad de comentarios que has ido dejando por este blog.
La escena que cuentas la traslado al Madrid castizo de los sesenta y me imagino a una moza piropeada y a su marido, Alfredo Landa, más cabreado que una mona con ganas de comerse al atrevido obrero que colocaba baldosas en una acera con un cigarro medio caído en los labios.
Si se me permite el atrevimiento, no des metros a tu marido vaya a liarse un escándalo público en mitad de la calle y la cosa termine en las manos…
El atrevido obrero tenía unas manos como para atravesar un tronco centenario de una atacada y continuamos viendolo todas las mañanas durante los meses que duró la obra de La Pequeña Inglaterra. Al paso nos saludabamos : buenos días señores y nosotros contestabamos, pero tengo que confesar que yo no lo podía mirar, me partía de la risa por dentro recordándo el episodio y no me parecía respetuoso descojonarme en su cara. Recuerdo este tiempo ya pasado y me vuelvo a reir sin parar. Era uno de los momentos mejores del día y bueno para comenzar una jornada laboral. Que importante es reirse y que saludable para la mente. Esperemos hoy reirnos bien y mucho cuando acabe el partido, porque mientras dure sufriremos, los alemanes son serios y no cuentan chistes. Deseo esta noche reirme con fuerzas y satisfación. OE, OE, OOOEEEEEEE
Abuela Angi, eso esperamos todos, que gane España y que podamos reír felices al término del partido.
¡¡¡¡¡Aúpa La Roja!!!!!
Creo que el término guapa, al igual que el término “chingar” en méjico tiene un entendimiento según el contexto. Cuando alguien dice “adiós guapa”, “hola guapi”, como muchas veces he escuchado decirlo de camareras a clientas en esta ciudad, está aludiendo a la persona, más que al físico.Lo podriamos poner como sustituto de “apañao” o majo.