Vivir del nombre
Escrito por El Perfecto Idiota | Clasificado en Opinión | Escrito el 02-06-2010
Etiquetas: Cáceres, camarero, chulería, chulo, Circus, éxito, Málaga, Mesón San Juan, spaghetteria, ZP
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Si entendemos por nombre el que uno se fragua a base de acumular éxito, por vivir del nombre debemos entender la situación en la que el barco se deja ir a la deriva provocada por esa marea de éxito anterior. Vivir del nombre es vivir de una herencia que, a veces y con mérito, puede haber sido forjada por uno mismo, pero que otras veces puede haber sido creada por otros. No se trata de una muerte inmediata, lo que ocurrirá es que la vida se irá apagando poco a poco, hasta convertirse en un hilo vital tan fino como el filo de una navaja. Se me ocurren tres ejemplos ahora.
Primero: ZP ha vivido del nombre de una situación boyante anterior que ha provocado que exagere el dispendio y ahora la vida de este país se vaya apagando poco a poco como consecuencia de su ideología socialmente derrochona.
Segundo: el restaurante Circus de Málaga se mantiene gracias, sobre todo, a un nombre que construyó en sus inicios, y ahora se deja llevar por camareros aficionados que si de algo hacen gala es de su chulería de barrio.
Tercero: el restaurante Mesón San Juan de Cáceres, o vive del nombre, punto que no puedo afirmar con rotundidad porque sólo he estado una vez, o se caracteriza por tener un elenco de personal maleducado encargado de tratar con el público.
El primero de los ejemplos lo vamos a dejar porque de él ya he escrito antes y ahora no tengo ganas; y el tercero lo voy a dejar para mi croniquilla del viaje a Extremadura. Así que nos centramos en el segundo.
Cada semana suelo comer, al menos, una vez en el restaurante Circus, que es una spaghettería bastante conocida en Málaga. Almuerzo ahí por dos motivos, el primero porque la comida es suficientemente buena, y lo segundo porque me dan unos tickets de comida para los días de trabajo y este restaurante está adherido a ese programa, así que, de alguna manera, como y no me cuesta. Pero Circus está viviendo del nombre que acuñara cuando se creó. Los platos de pasta están realmente buenos y los tamaños a elegir suponen un abanico amplio para todo tipo de estómagos. Tienen el plato maxi, que es para currantes ávidos tras una dura jornada de trabajo; el plato normal, que es para oficinistas tipo medio; y el plato mini, que es para niños y para mi compañera Vivi, que de hambre gasta lo justito. La comida es buena y el servicio es una caca de la vaca. Los camareros parecen chulos de barrio que además ejercen de tales. Son chulitos sin gracia y menos clase. No sé cuándo se van a enterar de que el camarero debe ser una persona aséptica que se limite a traer y llevar cosas a la mesa. El camarero no es mi amigo. Mi amigo está al otro lado de la mesa comiendo conmigo. Pero es común el fallo entre el servicio no profesional creer que el cliente es su colega. Yo no tengo colegas, colega. No opines, no hables y compórtate como lo que crees que eres. Ayer rebosó el vaso de la chulería. Ante la atrevida petición o exigencia de una comensal con la que compartía mesa de unos bomboncillos helados que a veces ponen al traer la cuenta, la respuesta del camarero fue poco apropiada y mucho menos inteligente. Le dijo que no habían comprado los bombones, que no había, aunque a la mesa de al lado viésemos que se los ponían. La respuesta no es inteligente, porque lo inteligente habría sido simular un despiste y haber vuelto a la barra por los bomboncillos que la clienta atrevida pedía al camarero, o en ausencia real de los bombones ofrecer cualquier otra cosa. Pero no, no sólo los negó, sino que dijo que los bombones no se podían exigir porque eran un detalle de la casa. Cagada manifiesta. Ayer comimos siete personas que podrían repetir la semana próxima. Desde luego, si conmigo hacen cuentas, irán seis, porque el desbordamiento del vaso de la chulería me ha mojado ya los pies, y paso un kilo de seguir metiendo pasta es ese negocio. Ahora, si quiero un ristorante italiano, me iré a O Mamma Mía, que está a sólo doscientos metros, y no me vacilan.

Circus vive del nombre y el nombre se irá diluyendo en la actitud del personal que lo atiende. ¿Circus? ¿Un restaurante? No sé de qué me habla.










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Cuánta razón tienes. A veces a las empresas se les olvida lo importante que es dejar al cliente satisfecho, y lo fácil que es en realidad.
Por otro lado, cuando invertimos un poquito más en ofrecer algún servicio extra y gratuito, (como es el caso de los bombones de este restaurante, o los periódicos que se ofrecen a los alumnos en las academias) hay que tener cuidado porque el cliente se acostumbra muy rápidamente a ellos y los da por hecho, por lo que si algún día fallamos eso repercutirá mucho más que lo bueno o malo que sea el servicio principal que ofrecemos en la empresa.
Totalmente de acuerdo.
Hace tiempo que escuché hablar de éste restaurante, pasta bien cocinada, y decoración original del local.
Fuimos acompañados de antiguos clientes, y ellos también opinaron que cada vez el servicio y más poco a poco la cocina, iba más a la deriva.
Ojo, ofrezco alternativa y no soy familiar ni me llevo comisión.
El cocinero originario de dicho Circus está en “Spaguetería Il Nonno Francesco” en Avda. Jane Bowles, Edf. 1, Local 14 (tengo la tjta de visita delante) y me dicen que el trato excelente.
Habrá q ir, al menos yo