Si el año tuviese veinte o treinta meses hoy estaríamos mucho más contentos. Las azafatas de Air Comet se desnudan para reivindicar mediante uno de esos calendarios que hace años se pusieron de moda, que siguen ahí, jodidas y sin cobrar, y en una situación laboral que no las libera para poder trabajar libremente en cualquier otra empresa. Ellas y el resto de empleados de la compañía aérea del sr. Díaz Ferrán y asociados. Algunos suman ya nueve nóminas en la columna del debe, mientras que en la del haber no hacen más que echar carretillas de desesperación. En el contrato de trabajo no se hacía referencia a las dosis de desesperación si las cosas se torcían, sólo se estipulaba el horario de trabajo y el salario, y como lo que no tiene tope siempre crece, la desesperación del personal de tierra y de cabina sube como la espuma.
La verdad es que las azafatas no están nada mal, si bien, mi asesor de servicios de Internet, a la par que asesor en diseño web y de imagen, me dice que las imágenes están bastante retocadas con PhotoShop. No sé yo, la verdad, pero vista la moda del retoque, nada me extrañaría. Los meses de agosto y de septiembre me hacen sospechar que las fotos no son muy naturales, pero no acabo de convencerme. La belleza siempre me ha cegado y confundido hasta el extremo, tanto que a veces he metido la pata hasta el corvejón. Cuestión de idiocia supina, aunque no puedo negar que, a la postre, soy un tipo con suerte, con mucha suerte.
Me quedo con enero porque promete, con abril por la ligereza, con mayo porque es el delantal que siempre quisimos ver puesto, con julio por los rizos y con diciembre porque sí, porque quien diga que no le gusta diciembre es que ni tiene gusto ni tiene nada. Joder con diciembre, mola pero mucho, mucho.



Y a todo esto, y cambiando al tercio de varas, nos sueltan ayer en televisión que el idolatrado líder de féminas adolescentes, Ricky Martin, es pelín bujarrón. Alguno podía sospecharlo hace años, pero ante la duda, debe imponerse la corrección antropológica. El cantante hace años se vio envuelto en una historia de leyenda: desde el armario que habitaba presenció cierta imagen de satisfacción personal con nocilla, can y fémina en postura de decúbito supino. Al parecer a la joven fan se le pretendía dar una sorpresa con la aparición estelar del cantante, si bien, la precocidad zoofílica impidió aquella pronta salida del armario. Desde entonces, y supongo que debido al impacto, Ricky ha permanecido más o menos calladito en su escondrijo de condición. Y no es que la condición de cada uno haya que publicarla a los cuatro vientos, cosa por otro lado bastante improcedente, pero la verdad, si hace años que no se oía hablar de Ricky Martin, ahora, tras el “bombazo”, lo tendremos hasta en la sopa. Cuestión de marketing y finanzas, o de mal gusto.
Y por ir terminando con el temita, mucho más desagradable que el primero del calendario, los amigos del cantante, algunos del sindicato de la zeja, le han mandado mensajes de apoyo. ¿De apoyo a qué? Si son tan modernos, tolerantes, progres, corporativos, ¿qué tienen que a-polla-r?, ¿qué malo hay en que Ricky sea maricón? Él dice que es un regalo de la vida y que se siente bendecido por ello. ¿Por qué entonces el apoyo? Lo que deberían los demás desear es lo mismo para ellos y dejarse de palabras vacías.




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