Desde el uno de enero del presente la televisión pública española, o sea, Televisión Española, más conocida como TVE, emite sin publicidad. Y emitir sin publicidad se traduce en que en los recesos que tiene la programación nos coloquen espacios de autopublicidad y autobombo, que no de publicidad ajena, que es la que genera algún ingreso pecuniario. Si la televisión pública era una caja negra deficitaria con el modelo anterior, ahora va a ser todavía más deficitaria, todo a costa del sufrido contribuyente, entre los que me encuentro y entre los que cada vez me siento más incómodo.
Curiosamente ayer comencé a formar parte de otro grupo mucho más placentero que el de los contribuyentes, esencialmente por lo que se hace, que es donar sangre. Ayer puse mi pequeño granito de arena en algo tan importante y altruista como es donar mi sangre, que aunque sea de un perfecto idiota, servirá para algo. Estoy muy orgulloso por ello y lo seguiré haciendo mientras pueda. Hay una diferencia de base entre los dos grupos, en el de donantes sabes que puedes salvar vidas, en el de contribuyentes sabes que tu dinero no servirá para nada productivo en un 90%. Asola el pensamiento. La filosofía debía ser contraria. Donantes de impuestos y contribuyentes a los bancos de sangre. Voluntario lo primero y obligado lo segundo. En fin, utopías.

La publicidad en televisión tenía dos efectos muy beneficiosos; primero, generaba ingresos, y segundo, permitía recurrir a ella para escapar de incómodos trances de escena. Cuestiones del directo. Ya habréis sospechado que voy a dedicar unos renglones torcidos al personaje que van a sortearse las televisiones privadas, – o sea, empresas que persiguen beneficios al final del ejercicio – al polifacético John Cobra.

Este personaje propio de los tiempos que corren es fruto de la sociedad que tenemos. Los medios de comunicación dominan el mundo y efectivamente, la forma de darse a conocer al público es a través de ellos. Cobra, que es un luchador de la calle, ha sabido ver cómo tenía que actuar para llegar al éxito, si el éxito se entiende como que se hable de él en los medios y que las visitas a su página web (que ya la tenía) y a sus vídeos en Internet se hayan incrementado exponencialmente. Llevo dos días viendo vídeos de este referente del oportunismo como un auténtico imbécil, pero es que en el fondo, el puñetero majarón me hace gracia. Me reí mucho al verlo en esa gala de Eurovisión comportándose como lo que es, es decir, como un maleducado que está por encima del bien y del mal. Yo hago esto, y al que no le guste que le den por culo. John Cobra creo que es rapero, y lo poco que escuché de la canción no me transmitió absolutamente nada. He de decir que soy un hombre de mensajes, y que si me recomiendan una canción la escucho y leo la letra si puedo, por si quien me la recomienda quiere decirme algo a través de ella. John Cobra no me transmitió nada, absolutamente. Y ni me transmitió a mí ni al público que lo veía en directo en el programa. El público silbó en muestra de desagrado y comenzó el festival de obscenidades del artista callejero. Que si me coméis la polla. Que si aquí la tenéis entera. Que si sois unos maricones. Que os pido perdón por mi reacción pero que al que no le guste que me la coma empezando por lo más gordo. Que si ahora me los cojo. Que si hago como que penetro el aire ayudado por las manos. Que os den por culo. Que al que no le guste que no mire. Que fíjate que lomo tiene mi nabo, que descansan espaciados ocho jilgueros, cuatro palomos y un pavo. En fin, y a todo esto, la carita de Anne Igartiburu era todo un poema, pero un poema muy profesional. Supo capear el temporal de forma sublime, intentando apaciguar a la bestia desenfrenada que profería por su boquita lindezas como las anteriores, y gestos propios de los ambientes más zafios. Si hubiera podido recurrir a los breves anuncios habría dicho sin dudarlo: bueno, señores espectadores, pasamos unos minutos a publicidad, no cambien de canal. Pero la publicidad estaba prohibida y tenían que comerse con patatas a Cobra, a su novia, y a su filosofía. Manjar impuesto por la ausencia de criba en los aspirantes. A pelarla.

Y lo peor de todo: el triste reflejo de esta España, las privadas ya están sorteándose al elemento para ofrecerle un contrato más o menos suculento para tenerlo en exclusiva en sus programas. La televisión nos ofrece este tipo de mierda, pero nosotros, ávidos televidentes, nos la comemos sin rechistar, de punta a rabo. Y nunca mejor dicho lo de rabo en este caso. John Cobra, que es un auténtico impresentable, es, por el contrario, un tipo muy listo que sabe como valerse de las herramientas a su alcance para darse a conocer. Lo bochornoso es el mérito que atesora para que lo conozcamos. Todo vale.




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suerte tú, que has podido donar sangre
Donar sangre es una de las cosas pendientes que seguro tenemos cada uno de nosotros, al menos, los que nos consideramos solidarios. Yo lo intenté hace unos cuatro años, pero me hicieron la prueba de la anemia y no pude donar. Tengo que intentarlo de nuevo.
En cuanto a John Cobra, me quedo sin palabras, pero es lo que hay en la vida, es lo que ve la mayoría y por eso se dan casos tan absurdos como este en la televisión. En fin…