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Escrito por El Perfecto Idiota | Clasificado en Opinión | Escrito el 28-01-2010
Etiquetas: Andalucía, Antonio Fernández, Carlos Herrera, consolador, lubricante, ovni, paro, suicida
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Esperad un momento que acabe de sacar los dedos del cubo del tres en uno. La inactividad de mis dedos vagos está generando una situación de absoluto abandono del escaparate, y la cosa no puede seguir por estos derroteros. Y no puede seguir así porque no puedo permitirlo, porque la aparición de articulillos no es más que una muestra de la normalidad del perfecto idiota. Y dicho esto y limpios mis dedos de aceites lubricantes, paso a tratar tres asuntos en el mismo texto, de ahí el nombre que lo encabeza.
El amigo Carlos Herrera, norte magnético de las mañanas radiofónicas, comentaba sobre las siete de la mañana que aquí, en la Andalucía de las colas del desempleo y según el Consejero de Economía de la Junta de Andalucía, el porcentaje de parados crece por una razón fundamentalmente humanitaria, o sea, que se incrementa por solidaridad con el que se queda en paro. Expliquemos algo el asunto para los que alarmados por el signo de exclamación que toca sus cabezas salgan de su asombro. El hecho es que según Antonio Fernández, que es el que encabeza la cartera de la economía andaluza, si un padre de familia se queda en paro y pasa a engrosar las listas de desempleados, su señora, fiel amante y báculo en el que apoyarse, se apunta con él al desempleo para que la experiencia pase por menos traumática. Y como los hijos son la forma en que, según un buen amigo que me escucha últimamente demasiado, nos perpetuamos en la vida, y se consideran parte inseparable de sus padres, a su vez se apuntan también al paro para que, como he dicho hace dos renglones y medio, el trance se suavice. La cuestión es de solidaridad. El razonamiento es peregrino pero es el que pensarán que funciona con las cabezas de ganado. Y si ellos lo esgrimen, que llevan treinta años al frente del cortijo, es que la idea funciona. Triste, pero cierto. Y más triste es que pensemos en que detrás de ese razonamiento asoman personas que si se apuntan al paro por solidaridad es que es porque antes no trabajaban, o sea, que independientemente de que no estuviesen apuntadas en el desempleo consumían más que producían, es decir, que estaban objetivamente desempleadas. Porque supongo que lo que nuestro consejero económico no querrá trasladarnos, porque sería demasiado atrevido, es que esa fiel esposa y esos sacrificados hijos abandonan sus trabajos voluntariamente para apuntarse junto al padre al desempleo. Esto no es posible porque sería demasiado idiota, y ni yo sería capaz de creerlo.
Punto y aparte y segundo asunto a abordar. Ayer por la mañana, en un breve repaso de titulares digitales encontré con sorpresa que una señora que paseaba tranquilamente por una calle de Málaga, había sido sorprendida por un objeto volador no identificado que la puso en el camino de San Pedro. El objeto volador era una joven de dieciocho años a la que presumo con ciertos problemas mentales, pues en la duda de lanzar sólo su cabeza desde el octavo piso de un edificio prefirió lanzar la cabeza acompañada del resto del cuerpo, con la malísima fortuna para la viandante de que le cayó en plena cocorota. Esta mañana tuve que escuchar los comentarios de dos personas que indicaban que al menos la pobre muerta tenía ochenta años, porque “imagina que hubiese caído encima del carro de un niño pequeño, eso habría sido mucho peor”. Y en el fondo las nínfulas tienen razón, las jodidas, porque puestos a matar a alguien de esa manera, mejor es que no se arruine la larga vida que un niño tiene por delante. En fin, que no se puede ir tranquilo ni por una calle peatonal, porque si evitas el tráfico rodado no eres capaz de librarte del tráfico volado sin controladores aéreos. Disculpad el tono dada la gravedad del suceso.
Y para rematar esta toma de contacto con mis viejas costumbres, quiero comentar la iniciativa de una discoteca de Valencia que regalará a sus cuatrocientas más veloces clientas un consolador por la prisa y el interés. No me parecen mal estas iniciativas, la verdad, cada establecimiento debe poder ofrecer a sus hipotéticos clientes la oferta que consideren oportuna, en el bien entendido de que la libertad de esos clientes determinará si acceden a aceptar la oferta o no. Y defendida la postura, espero que las jóvenes féminas consuman cientos y cientos de pilas alcalinas con el nuevo juguetito, y que lo engrasen con el mejor de los lubricantes para introducirlo en su círculo más íntimo, camino, que en el fondo, es de ida y vuelta por más que digan.














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¡Pobre mujer! Desde luego, qué iba a pensar esa pobre señora que su vida iba a terminar mientras paseaba por la calle, es el colmo de la mala suerte. Y lo que ocurre muchas veces, los causantes de la desgracia ajena quedan heridos leves o ilesos. En fin…. cosas de la vida.