Naturaleza contrariada
Escrito por El Perfecto Idiota | Clasificado en Opinión | Escrito el 13-01-2010
Etiquetas: ayuda internacional, Haití, muerte, ONU, Puerto Príncipe, terremoto
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La fuerza de la Naturaleza es un látigo incontrolable que castiga con azotes desproporcionados. Solemos ver tormentas que generan riadas que se llevan por delante lo que se encuentran a su paso. Volcanes que escupen una lluvia de fuego de sus entrañas y ríos de lava que amenazan con asolar a su paso pueblos enteros. ¿Quién no recuerda las imágenes de Omayra Sánchez, aquella niña que atrapada por el fango que ocasionó la erupción del volcán Nevado en Colombia, perdió la vida ante la impotencia del ser humano para sacarla del lugar donde se encontraba? Aquella niña inocente perdió la vida en directo, ante una cámara que la grababa, ante fotógrafos que inmortalizaban la escena dantesca. Esas imágenes han llegado hasta nuestros días y todavía ponen los vellos de punta. Hace menos tiempo sucedió el tsunami del sudeste asiático. La fuerza del océano embravecido por un terremoto con epicentro en el mar generó olas gigantes que arrasaron las costas de varios países. Dejó una estela de desolación acompañada de la muerte de cerca de trescientas mil personas y la desaparición de islas, playas y poblaciones enteras. Ante estas demostraciones de fuerza de la Naturaleza, que escapan por completo a nuestro control, sí que es elogiable una cosa: la movilización inmediata de la ayuda internacional para auxiliar a las personas afectadas. Esto es una prueba de la bondad del ser humano ante quien sufre los efectos de este tipo de catástrofes.

Durante el día de hoy hemos ido conociendo datos de lo que ha ocurrido en Haití la pasada noche. Un terremoto de más de siete grados en la escala de Richter que ha destruido casi por completo la capital del país, Puerto Príncipe. Las imágenes que veo en la prensa digital son absolutamente sobrecogedoras. Imaginad un castillo de naipes que se desmorona por efecto del dedo azaroso de un niño que echa por tierra el esfuerzo de haberlo construido con paciencia. Los edificios, sin distinción, se han comportado como castillos de cartas ante la fuerza imponderable y azarosa, como el niño, de la Naturaleza. La horquilla que acota los muertos se mueve entre decenas y cientos de miles, familias enteras sepultadas bajo los escombros de las que eran sus casas, sus puestos de trabajo, hoteles de lujo u hospitales. La muerte no distingue cuando elige sus víctimas, y menos cuando es invitada de honor a la tragedia, tiene carta blanca para elegir y se llevó gran parte de los que estaban.

Las imágenes son espectaculares por el dolor que transmiten. Personas vivas enterradas en escombros que miran con ojos vacíos los objetivos de las cámaras que las fotografían. Es la representación de la impotencia, de la aceptación de que nada puede hacerse ante el horror desmesurado. Gritos que piden auxilio bajo las montañas de destrucción e incapacidad manifiesta para poder socorrer al que cuenta hacia atrás los minutos que le quedan de vida. Es una cuenta atrás imparable que hará que las cifras de fallecidos sigan subiendo.

No sé por qué, pero la naturaleza se ceba con los países pobres. Haití es el país más pobre del continente americano y sufre el peor terremoto en doscientos años. Una economía como la haitiana, ¿cuánto tiempo necesita para hacer renacer las infraestructuras, las viviendas, el orden social? He oído en la radio esta tarde que décadas. Un acontecimiento que dura unas horas genera unas consecuencias tan graves que se requieren décadas para reponer sus efectos. Espero que como consecuencia de lo ocurrido la ayuda internacional sea capaz de levantar ese país tan cercano geográficamente y tan lejano económica y socialmente de su vecino, la República Dominicana, paraíso turístico y de prosperidad económica. Espero que ese pueblo tenga fuerzas para volver a levantarse, y espero también que la Naturaleza dé tiempo para que puedan hacerlo.














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Después de ver lo que ha sucedido en Haití, no tenemos ningún derecho a quejarnos de nada. La vida es un regalo, pero para algunos mucho más difícil de disfrutar, así que los que lo tenemos fácil, debemos estar felices y agradecidos.
Es cierto que en estas ocasiones en las que la desgracia cae sobre un pueblo, el resto de los países ayudan de inmediato. Hoy veía en televisión la recaudación que se estaba haciendo para enviar a Haití, simplemente enviando un sms cuyo importe iba íntegro a esa ayuda. No sé la cantidad que se ha alcanzado, pero enseguida los números del contador comenzaron a subir. En estos momentos aflora la generosidad de las personas. Nuestro granito de arena contribuirá a levantar de nuevo Haití.