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Babelia bobalicona

Hay optimistas que a veces pensamos que en España no cabe un tonto más porque se irían mojando los pies en los kilómetros de costa de nuestro país. Pero sin saber si es por causa de una superpoblación repentina o por actos de autoafirmación de los ya residentes, hay veces que nos sorprendemos...

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Body sushi

Posted by El Perfecto Idiota | Posted in Opinión | Posted on 15-11-2009

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Parece ser que las geishas ofrecían a sus clientes más selectos la posibilidad de comer sushi sobre sus orientales cuerpos desnudos, delicias sobre curvas de diosas en el Japón del XVIII.

Como iniciativas debe haber y de todo tipo, a un hostelero malagueño se le ha ocurrido la feliz idea de traer a esta Málaga del XXI lo que él califica de tema erótico gastronómico, pero sin ningún tipo de connotación sexual. Mire usted, si a mí me sirven la comida encima de una tipa en pelotas más buena que el arroz con leche, en lo último que pienso es en las connotaciones sexuales, por supuesto. Ni yo, ni nadie. Impensable. Como bandejas vivientes tenemos la posibilidad de elegir entre delicadas señoritas y adonis fornidos, en ambos casos absolutamente depilados, como insiste el creador de la idea, en aras de la higiene en la mesa, que es muy importante. Las señoritas carentes de vello siguen sin evocarme connotaciones sexuales, por supuesto. Ni a mí, ni a nadie. Impensable. Dice el cocinero sushiman que está terminantemente prohibido tocar al body sushi al coger la comida, por lo que me imagino que ir a comer a ese restaurante debe suponer una experiencia de autocontrol con límites. Ya veremos qué pasa cuando tenga a veinte aguerridos jóvenes de despedida de soltero hasta las trancas de sake, deseando meterle mano a la señorita en horizontal, porque este tipo de ofertas se va a prestar mucho a reuniones de ese tipo. Apuesto por la señorita saltando de la mesa y el suelo lleno de comida cruda.

El Rey del Pollo Frito

Posted by El Perfecto Idiota | Posted in Opinión | Posted on 14-11-2009

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Cuando se es rarito y se tiene contratado a un ejército para que vaya poniendo denuncias a diestro y siniestro puede ocurrir lo que le ha ocurrido a Ramoncín, más conocido en los ambientes de la movida como el Rey del Pollo Frito.

Todos habréis leído que dieron al traste hace unos días con el canal que la revista El Jueves tenía en YouTube. Los satíricos periodistas habían publicado un par de vídeos donde, según admite Ramoncín en su alegato de disculpa previo a la reapertura del sitio, no se dice nada malo del cantante. Cuando se actúa de forma profiláctica en todos los casos, que es el servicio que el polifacético Ramoncín tiene contratado con AJA, Asesoría Jurídica de las Artes, pasa lo que pasa, que hay que echar el culo atrás y donde dije digo, digo Diego. No se puede ir por la vida distribuyendo denuncias a granel, porque de esa forma los de AJA facturan de lo lindo, pero el contratante de los servicios, además de malgastar su dinero, queda como la chata.

Onanismo institucional

Posted by El Perfecto Idiota | Posted in Opinión | Posted on 13-11-2009

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Son las once y cuarto de la noche y llevo dándole un rato vueltas a la cabeza pensando sobre qué iba a escribir hoy. No tengo ni pizca de ganas porque me caigo de sueño, pero casi me veo en la obligación de inventar alguna de mis chorradillas antes de acostarme.

El placer está en tus manosLa actualidad y el título de este artículo no dejan lugar a la duda: hoy hacemos un viaje a tierras extremeñas, campos de cría de cerdos patanegra. Desde esta mañana estoy oyendo que la Junta de Extremadura ha dedicado parte de sus fondos a elaborar una guía y organizar unos talleres para enseñar la privada práctica de la autosatisfacción personal. Leo titulares donde se incide en la cantidad invertida en la docencia, sin ir más allá de los 14.000 euros. Esas monedas son pecata minuta al lado del despilfarro socialista con el que creen que van a acabar con el paro, con la crisis y con el dinero de nuestros bolsillos, que va a ser lo único que se acabe. Esta inversión es insignificante en cuanto a su valor económico, tirar dos millones de pesetas no es ahora lo que tiene importancia. Si organizáramos un concurso de gilipollas puede que los primeros puestos estuvieran copados por los padres de esta idea, y no porque sea contrario a la información que se quiere transmitir, sino por el momento tan inoportuno para irrumpir en el panorama nacional haciendo el chorra, demostrando de nuevo que los modernos pijiprogres no se dan cuenta de que vamos todos a tomar por culo cogidos de la mano, esas manos que quieren dedicar la mayor parte del día a masajear los apéndices, que me han dicho que andaban de capa caída.

El mostrador

Posted by El Perfecto Idiota | Posted in Inclasificables | Posted on 11-11-2009

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Estas líneas no abordan bares de mala muerte donde la gente se acode a ver pasar las horas del día, donde se pasen los lunes al sol al compás del Veterano. Esta breve historia es sobre una chica que he conocido, canela fina, especias del oriente de Marco Polo, manjar de dioses.

Esta ninfa va con el mostrador siempre puesto. Perfectas condiciones para pasar revista, eternamente impoluto y en buena forma, a disposición de la superioridad militar a tempranas horas de la mañana. Toque de diana y gravedad inexistente, naturaleza contrariada. No sé cómo lo hace, pero lo consigue día a día. El peso cambió de sentido y se olvidó de apuntar hacia el suelo. Siempre hacia arriba. Siempre hacia delante. Zapadores en la vanguardia de la formación abriendo camino a las tropas confiadas.

Mi amiga absorbe miradas de jóvenes y viejos. Es un imán por donde pasa y no exagero. Soy notario que da fe.

Mi amiga tiene dos razones para ir triunfando por la vida. Razones de peso, a kilo y medio por lo menos, con m de melón de Benamejí, que también lleva m pero en medio.

Tengo un amigo medio tonto hipnotizado, que no separa sus ojos de las redondeces. Siempre comenta las novedades de la moda, que si hoy dejas tres cuartos, que si medias, que si enteras. Eso es lo que él quisiera, la muestra entera lista para la acción.

Mi amiga tiene dos tetas como dos carretas y yo hago esfuerzos ímprobos por recordar su cara, que se nubla en mi débil memoria de idiota. Ahora la recuerdo, creo que tiene los ojos castaños, pero no podría asegurarlo. Voluptuosas razones de peso.

Salomé

Posted by El Perfecto Idiota | Posted in Colaboraciones | Posted on 11-11-2009

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No sé si es común abrir un blog personal a las colaboraciones de amigos. Ni lo sé, ni me interesa saberlo. Aquí se hace lo que yo decida, y en este caso, decido subir la colaboración de un buen amigo, que depués de echar un rato de charla agradable y de comentar la idea puesta en práctica en El Perfecto Idiota, ha querido brindarme la oportunidad de hacer pública una pequeña historia que tenía por ahí guardada. Me temo que mi amigo y yo tenemos mucho en común, salvando la particularidad de este relato. Os transcribo a continuación una historia de jóvenes que rozaban con los dedos la puerta entreabierta del mundo de los adultos. Gracias.

 

¿Cómo surge una historia? ¿Cuáles son las enzimas que desencadenan que una sucesión de acontecimientos, muchos de ellos insignificantes como la mayoría de las cosas que nos pasan, provoquen  una historia? Una historia, algo que recordamos por más tiempo que pase y que de vez en cuando asoma dejándonos una leve sonrisa en los labios.

Empezó a suceder hace mucho tiempo; en esos tránsitos de la juventud a la edad adulta que tantas huellas dejan. Empezó a suceder en una ciudad de provincias, que sin ser pequeña, tenía vocación de balneario especializado en retiro de jubilados del sector del seguro del automóvil. El estado pueblerino del lugar nos llevaba a que una de las actividades culturales más importantes fueran los paseos por la calle principal a la búsqueda y al acecho de parejas del sexo contrario; en aquella época no era necesario hacer matizaciones homosexuales para contentar a esa parte de la población.

Las tardes de fin de semana, y en vacaciones todas las tardes, una marea de jóvenes se acercaba de las diferentes zonas de la ciudad hasta la “mein estrit”. Las imposiciones de la moda eran terribles, hasta el punto de que uniformaban a la población tanto masculina como femenina. Se puso de moda la cazadora “Fredperry” de color azul oscuro, yo por supuesto nunca tuve una de esas -en mi casa no se gastaba el dinero en gilipolleces-, y en alguna ocasión los grupos de chicos parecían equipos de baloncesto dando un paseo por la ciudad a la que habían venido a jugar un partido. No sólo no la tuve, sino que la padecí; la chica que perseguía con mi imaginación a la espera de un momento propicio para declararle mi amor eterno salía con  un sujeto mayor que yo, pijo atractivo y encima con una “Fredperry” de los cojones. A pesar de la ausencia de la cazadora talismán me atreví a acceder a ese espacio de confrontación de miradas y roces, bien es cierto que acompañado por expertos guías como mi amigo Juan Botella (RIP), el más admirado y seductor de la calle Larios.

En este contexto surge mi historia, mejor dicho, primeramente surge mi teoría que más adelante expondré.

Evidentemente, el objetivo de todos esos paseos no era el ejercicio físico –entendido sólo literalmente-, se perseguía el emparejamiento, al igual que hacen todos los animales: se asoman plumas de colores, se inician bailes rituales, se canta (un aplauso para mi amigo Antonio que incansable cantó con su guitarra por todos los rincones de Málaga queriendo obtener el favor de las señoras y sólo consiguió su simpatía –alguien dirá: “que no es poco”; en aquella época era poquísimo-), y se pavonea. Hacíamos lo mismo, solo que aplicando además la inteligencia: me gusta fulanito/a que es el más guapo/a pero si lo consigue mi amigo/a me pido al segundo/a, sino a ese/a que es de buena familia y tienen mucho dinero y además nuestros padres se conocen y formamos un  grupo muy guay que vamos Marbella todos los veranos. Tuve la suerte de tener mi imaginación en esa chica inalcanzable que dije antes y no participé de ese mercado, o quizás no me dejaron participar.

Al menos mi carácter inquieto y mis amistades me permitieron ser un observador cercano de ese escenario y cuando por fin pude escapar de ese balneario pude llevarme a tierras lejanas una magnífica teoría que por supuesto estaba dispuesto a poner en práctica: las relaciones sentimentales se han convertido en un mercadeo, en una balanza donde se meten belleza, dinero, influencia y por una regla matemática surge el “flechazo”, no hay más remedio que romper esa cadena.

 

Un año después de aquellos paseos, una vez en Madrid, alejado del sopor malacitano, consideré que era el escenario adecuado para pasar de la teoría a la práctica, y la mejor manera que vi para romper la cadena mercantil que ahogaba las relaciones sentimentales, era enamorarme de la mujer más fea y menos deseable de Madrid; por supuesto con enormes valores intelectuales, gran sensibilidad artística y, tampoco hubiera importado, buen dominio de la cocina.

                Sin embargo pasar del dicho al hecho tiene un buen trecho, y en este caso  el trecho es muy largo. Cuando acudía a bares y pubs varios, o fiestas universitarias; evidentemente me fijaba en las más feas: narices torcidas, pelos grasientos, sobrepesos clínicos; pero no me atrevía a dar el último paso, siempre pensaba que al no estar acostumbradas a que el personal masculino les entrara, mi acercamiento les provocaría una cierta desconfianza y podrían llamar a la policía pensando que les quería vender alguna droga. También es cierto que no me dediqué con suficiente pasión, mis estudios me arrebataban la mayor parte del tiempo.

                En el segundo año de estancia en Madrid, un grupo de amigos nos reunimos en la misma pensión que yo había estado el primer año. Tenía todos los ingredientes de una pensión galdosiana: regentada por dos viejos insoportables, teléfono común para todos con candado, cuartos de baños comunes, techos altos, puertas de madera desencajadas, etc. La intensa dedicación al estudio hacía que no entrara como preocupación  el lugar donde vivir, sólo la distancia a la universidad era una variable a tener en cuenta. Como iba diciendo, en el segundo año la pensión aportó una novedad a su larga tradición  de caspa: ese año admitieron chicas en uno de los tres pisos de la misma planta que conformaban la pensión.

                No tardamos mucho en conocer a las chicas que vivían contiguas a nuestra puerta, por edad nos amigamos de las hermanas Buitrago: Mariló y Salomé. Tendrían nuestra edad, quizá Salomé un poquito más y Mariló un poquito menos, en el entorno de los 19 años. Eran de un pequeño pueblo de Salamanca de cuyo nombre no puedo acordarme y estaban allí, probablemente expulsadas de la vida rural de su pueblo que no le podía reportar absolutamente nada, para ganarse la vida.

                Salomé era pálida, delgada, ni alta ni baja, con el pelo largo y lacio en un color castaño claro, de bonitas facciones y unos ojos claros muy lindos aunque algo tristes, su carácter parecía serio y prudente, todo lo contrario que su hermana pequeña que era algo alocada y pizpireta. Pero lo que más me llamó la atención de Salomé era que tenía un diente, un incisivo enorme de la mandíbula superior, totalmente podrido y negro. Comprendí inmediatamente que ahí podía desarrollar mi teoría.

                A los pocos días que los dos grupos nos conociéramos, para sellar mejor la relación, alguien propuso, y se admitió unánimemente, el ir a una discoteca del barrio. Pues ese sábado hubo discoteca. Ese fue el momento en el que apliqué otra teoría de las mías: había decidido que siempre que bailara con una chica la besaría. Pasado unos primeros momentos, los necesarios para instalarnos y que la vista se adaptara a la escasa luz, llegó el baile y le pedí a Salomé que me acompañara. Transcurridos treinta segundo suavemente la besé, ella se quedó un poco perpleja y no dijo nada. Lamentablemente era la primera vez que puse dicha teoría en práctica y todavía no sabía qué hacer o decir después del beso, con lo cual me quedé bastante cortado. Años después, con mucha mayor práctica, esos besos sorpresivos se vivieron con mucha más naturalidad; es más, creo que todas las chicas estaban ya advertidas y la sorpresa hubiera sido no besarlas.

                A pesar del corte, estoy convencido que Salomé entendió el mensaje que quería enviarle: Salomé no me importa lo más mínimo ese asqueroso diente podrido que tienes, estoy dispuesto a enamorarme de ti, a luchar contra todo el mundo que se retraiga por la visión de tu boca, contra todo aquel que se atreva a decir que tú no eres apropiada para mí por tener esa podredumbre cerca de tus labios.

                De forma natural, a pesar de los comienzos, aquel año tuvimos una relación sencilla, de aprovechar los escasos momentos libres que tuviéramos y todavía recuerdo sus intentos baldíos por enseñarme a diferenciar la pronunciación entre la “ll” y la “y”, su alevosa intención de envenenarme con el sugarrapote (bebida muy alcohólica típica de su pueblo). Eran momentos difíciles, de escasos medios, de escaso tiempo, de fuertes obligaciones, pero todavía existen los brillos en sus ojos y su sonrisa difuminada por el paso del tiempo.

                Mantuvimos contacto durante los restantes 4 años que estuve en Madrid, pero después del primer año que nos conocimos, con mi mudanza a otros lugares y mi transformación de estudiante serio y aplicado a crápula de la noche, la relación fue más alejada aunque siempre continuada; incluso llegó a ir durante un verano a Málaga a verme, comprendiendo que yo en Málaga tenía otra vida diferente a la que ella conocía de mí en Madrid.

                Ella, mientras tanto, se apuntó como vendedora de un sistema novedoso de lotería, por supuesto, totalmente ilegal, y le fue muy bien, llegó incluso a comprarse un piso en la calle Ponzano, cerca de la pensión donde por primera vez se instaló, todo un alarde para una chica de pueblo.

 

A partir de mi accidente en la mili, Madrid cambió de color, se agotó el deseo de volar. En los dos últimos años apenas tuvimos contacto, de nuevo me transformé: de crápula a taciturno.

                La última vez que la vi fue en la estación de Atocha, yo estaba vestido de sargento del victorioso ejército español, camino de Málaga, ella se alegró muchísimo (ya sabemos cómo son estas personas de extracción rural, les vuelve loca el uniforme militar), a mí me hubiera gustado que el tren saliera dos horas más tarde, ella estaba luminosa, radiante, se le notaba que le iba bien. Después del primer abrazo, cuando pudimos mirarnos fijamente comprobé que había desaparecido el diente podrido, en su lugar había un esculpido incisivo de porcelana fruto de su bonanza económica. Algo se desmoronó en mí mundo con la desaparición del ennegrecido diente, algo terminaba en mi vida, una etapa acababa, algo nuevo vendría pero ya nada sería igual. Se había terminado la transición de joven a adulto.

Virginia mata

Posted by El Perfecto Idiota | Posted in Opinión | Posted on 11-11-2009

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Matar empieza por m de morir, será porque cuando alguien mata, alguien muere. Me asusta la capacidad de matar porque es un arma incontrolable. La mente que es capaz de tomar la decisión de apretar el gatillo tiene un concepto de la vida de poco peso. Y la mente que es capaz de matar muriendo tiene más peligro que una caja de bombas, porque esos están más volados que una candela de papeles. Dos comparaciones en la misma frase fruto del miedo que tengo a que pueda matarme alguno de estos tarados. Tarados que además no me conocen de nada, como a la mayoría de sus víctimas, que suelen ser personas inocentes y anónimas que hacían su vida en el momento en el que el contador de la cuenta atrás llegaba a cero, para la bomba y para sus vidas, que sincronizaron sus relojes.

Hoy he sobrevolado mi casa a mediodía, el tiempo justo para comer y salir pitando para la oficina a echar la tarde liado con unas cosas y con otras, gajes del oficio. En el rato que he estado viendo las noticias he oído hablar del asesino del tarot y de una ejecución en Estados Unidos. No sabía si al que iban a dar matarile era el fulano del tarot o si eran noticias distintas. Se me quedó pegada a la oreja la noticia y hace un rato he leído en internet de qué va la cosa. Efectivamente, van a mandar al otro barrio al asesino del tarot, que ya en 2002 hizo lo propio con diez personas inocentes que vivieron para morir bajo el fuego de su fusil perfectamente engrasado. La muerte siempre llega, sólo que en estos casos de forma sorpresiva y antes de tiempo. John Allan Muhammad, que es como este martes al atardecer dejará de llamarse nuestro protagonista, va a someterse a la inyección letal.

Aunque parezca que trato de forma frívola esta forma de matar, me aterra tanto o más que la que puso en práctica el también llamado francotirador del D.C. No, me aterra más, me acojona, me hace temblar. Nunca he sido muy amigo de ejercer autoridad sobre nadie y casi siempre he defendido la capacidad de obrar de cada uno desde el respeto a la libertad de los demás. Nadie puede decidir sobre la vida de los otros, ni el Estado, por supuesto. Siempre hay soluciones que impiden al reo repetir el delito por el que ha sido condenado, en estos casos a muerte. La cadena perpetua, por ejemplo. Entre matar y aislar, prefiero aislar, que es matar en vida sin matar. Con eso sería suficiente. Que el Estado asesine a un asesino, por más personas que se haya llevado por delante, es pretender imponer unas reglas morales absolutamente inmorales. ¿Quiénes somos para decidir cuándo otro debe morir? No somos nadie.

Asumido que el asesino del tarot se ha topado de bruces con la carta de la muerte impuesta, con la carta chunga de la baraja, me preocupa un aspecto mucho más cercano. En los cinco comentarios que he leído de la noticia, comentarios de lectores internautas de este país, hay un factor común: todos abogan por la pena de muerte. Esto sí que debe preocupar.

Mientras escribo, en Virginia debe estar cayendo la tarde y un dedo va a activar el descenso del émbolo de la muerte, va a empezar a correr una mezcla explosiva, el último cóctel, química institucional para hacer justicia matando. Virginia mata.

La cueva del chino

Posted by El Perfecto Idiota | Posted in Inclasificables | Posted on 09-11-2009

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Lo mismo que voy a echar la quiniela, voy a la farmacia por frenadol o entro en la cueva del chino. El chino kudeiro tiene un local que es la caña, creo que ha ido uniendo locales adentrándose en las entrañas de los edificios hasta conseguir una superficie nada despreciable que ha convertido en un auténtico laberinto. Tiene de todo, hasta medicinas en la trastienda y sala de masajes a cinco euros, lujo oriental de la China de los emperadores, trabajos finos. El local es tan grande que tiene escaparate en siete calles. ¿Que no? Que sí.

Lo que quieras lo tienes allí dentro, desde herramientas para electricistas, para albañiles o para fontaneros, hasta papanoeles escaladores de dudoso gusto. Productos para todo el año y material de temporada. Es que tienen de todo, los jodidos, hasta una sección de maquillajes de los que usan en la meca del cine, todo bueno, bonito y barato. Made in P.R.C., como casi todo lo que se fabrica y llega a nuestras manos. Ahora están en plena campaña navideña y la oferta de bolas, espumillones, portales de Belén, papanoeles y todo tipo de complementos tintados de rojo es impresionante. Esta mañana una compañera del trabajo estaba mirando por si se compraba unas zapatillas de Papá Noël, le hace ilusión tenerlas rojas y llevar los pies calentitos, dice que así se las pone a juego con su pijama de Mamá Noël, que está a punto de sacar del armario. Tiene que estar para comérsela. Todo un lujo de oferta. Lo que pienses, allí lo tienes.

Que levante la mano quien no haya comprado alguna vez en un chino de barrio. No veo ninguna levantada. Lo suponía. Todos hemos sucumbido a las orientales mercaderías.

Desde luego no podemos negar que los chinos son trabajadores infatigables, muchos de estos locales no cierran ni domingos, ni festivos, ni fiestas de guardar. Ahí están cada día con esos ojos siempre sonrientes, pendientes del negocio que les ha permitido salir corriendo de esa China tan próspera, tan comunista y tan progre, que crece por el efecto indudable del capitalismo global. Si tanto crece la economía China, ¿qué hacen saliendo sus habitantes a países donde en lugar de crecer decrecemos? Algo tendrá que ver la libertad, o mejor dicho, la ausencia de ella en su lugar de origen.

Muy anteriores a estos supermercados de todo lo imaginable son los restaurantes chinos que tanto han proliferado en todo nuestro país, aunque de esos y de su comida teclearemos otro día. El peor en que he comido, en Palencia, una noche de domingo, nos pusieron platos de plástico. No dábamos crédito a mil kilómetros de distancia.

De momento quedémonos con el espíritu emprendedor de los ciudadanos chinos que viven fuera de China y con toda esa montaña de papanoeles escaladores para hacer una pira con ellos la noche del 24 de diciembre.

Las aulas

Posted by El Perfecto Idiota | Posted in Opinión | Posted on 08-11-2009

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Que el mundo esté lleno de pequeños hijos de puta no creo que se le escape a nadie. En algunos lugares de la geografía incluso abundan en número desmesurado. Dios los cría y ellos se juntan. O los juntan los padres, que muy probablemente son los que tienen la culpa de que sean como son porque antes ellos lo fueron y ahora lo siguen siendo. La educación es un bien cada vez más preciado y menos frecuente, así que, en el fondo, no sé de qué me extraño. Tengo un familiar cercano al que le están jodiendo la vida. Se tiene el tópico de que los profesores tienen una vida fácil y unas vacaciones de ensueño. Tienes más vacaciones que un maestro de escuela, decimos a veces. Que sí, que sí, que todo eso está muy bonito, pero a ver quién tendría los arrestos de enfrentarse a una clase de pequeños alumnos que lo último que quieren es compartir su tiempo con vosotros. Son auténticos cabrones, delincuentes en potencia que pueblan nuestros colegios, los de la laureada enseñanza pública. Son lo que ven, niños educados en la pelea y el desafío, que entienden la libertad como la posibilidad de dar un puñetazo a otro sin que nada tenga consecuencias. Niños impunes protegidos por el sistema, que prefiere esconder el estrepitoso fracaso y hacernos creer que todo es miel sobre hojuelas. Y un carajo.

Le están amargando la existencia, literalmente.

Cuando un profesor joven con ilusión debe enfrentarse a una batalla contra elementos como los que os digo, el asalto no dura ni tres meses. En ese tiempo lo han desmoralizado por completo, lo han destrozado. Todo les da lo mismo, ocho que ochenta. Si al menos dejaran en paz al que presta un mínimo interés la cosa podría sobrellevarse, pero es que ni eso, son como los perros del hortelano, que ni comen ni dejan comer. Ellos no atienden, pero tampoco dejan que los demás atiendan. Los demás son muy pocos, los cuentas con los dedos de una mano, así que desde la dirección de los colegios se prefiere mirar para otro lado y pasar el curso como mejor se pueda. Ese debe ser el éxito de la enseñanza pública, que en esos colegios problemáticos nos hagan creer, intentando hacer cómplices a los propios profesores vilipendiados, que la cosa va de maravilla, vaya, que tenemos un Einstein y un Copérnico en los pupitres, y que los demás no desmerecen ni un ápice el brillo de los otros. La crème de la crème, la envidia de los centros privados, retrógrados y autoritarios. Y un carajo, y ya van dos.

Entiendo que el Estado deba velar por la educación de los ciudadanos que tiene a su cargo, y que debe obligarse a la escolarización de todos los niños hasta cierta edad, para que, en teoría, algo se les pegue a la oreja, aunque sea la mosca que tuvieron detrás desde el primer día que pusieron los pies en un lugar inicialmente civilizado.

No podemos negar que existen gentes problemáticas que consideran que la educación que desde los colegios quiere dárseles es un esfuerzo vano. Por eso, cuando este tipo de población se reúne y forma barrios, y son necesarios colegios y se construyen y se dotan de profesores, creo que desde la administración deben ofrecerse esas plazas de profesorado a aspirantes voluntarios, porque cubrir esos puestos con profesores cualesquiera es un error de base, sólo se incide de esta forma en el fracaso en el que ya estamos emplazados. De ahí no salimos así. Y que esas plazas en las que se enfrenta el docente a una lucha día a día se vean recompensadas con un mayor salario. Del trabajo se sacan frutos cuando se estimula, cuando se ilusiona al que tiene que hacerlo, y en este caso, la ilusión a priori del voluntario debe fortalecerse con el sueldo a posteriori del día 30.

Algunos ya estaréis diciendo que soy idiota cuando menos, ya os lo avisé el primer día. Otros pensarán que no podemos crear guetos, que estoy discriminando. Para todos estos últimos el tercer carajo. El hecho cierto es que a ese profesor voluntarioso e ilusionado que os he dicho están a punto de noquearlo. Todo un éxito de nuestro sistema. Pensemos, por favor, hagamos ese ejercicio.

Los consuegros

Posted by El Perfecto Idiota | Posted in Opinión | Posted on 07-11-2009

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Cuando se es un sinvergüenza debe ser difícil dar vuelta atrás. El color del dinero siempre ha tenido efectos hipnotizadores, sobre todo cuando, además, huele bien y se consigue fácilmente. Cuestión de sentidos, supongo. Se lo llevaban calentito de quinientos en quinientos.

Félix Millet, ex presidente del Patronato del Palau de la Música, debió confundirse bajo el influjo de los sones del arpa de Orfeo y creyó que las tintineantes monedas del presupuesto del Palau debían dirigirse a su bolsillo, en lugar de ser empleadas en los fines para los que estaban previstas. El tal Millet, auxiliado en las bandas por el director administrativo, Jordi Montull, y por el secretario del Palau, Raimon Bergós, urdieron una trama de facturas falsas para desviar los billetitos a lugares más cercanos a sus carteras. Ingeniería financiera le llaman algunos. La verdad es que el método está ya muy visto y muy manido, pero parece que sigue siendo efectivo hasta que te cogen con la carretilla hasta los topes de papel.

Mientras duraba el asalto, don Félix creyó conveniente que las bodas de sus dos hijas corrieran por cuenta del presupuesto del Patronato. Y como iba con cargo a presupuestos, tiraron de lo lindo la casa por la ventana. No quedó ni un mueble dentro, ni el bidel de las señoritas (como dice un vecino mío). Para la primera en pasar por la vicaría se dedicaron 120.000 euros para la celebración. No nos confundamos, sí, nos referimos a veinte millones de las antiguas pesetas. Aquello debió de estar por todo lo alto, desde luego, porque con ese dinero puede comprarse un buen montón de butifarras y regarlas con buenos caldos del Penedés. Para la segunda, que no sé si es Clarita o Lailita, la cosa se organizó más modesta y sólo fueron necesarios 80.000 euritos, algo más de trece millones de pesetas. Pero el sinvergonzonerío del Padrino no se queda en el hecho delictivo de robar a manos llenas al Patronato, que no deja de ser un ente impersonal. El punto álgido de las debilidades del protagonista se alcanza cuando después de haber colocado la factura de la boda de la segunda hija al Patronato, tiene el descaro y la poca elegancia de pedirles a sus consuegros la mitad de los costes, o sea, 40.000 euros que se llevó a la buchaca limpios de polvo y paja. No se puede caer más bajo. En un alarde de elegancia debía de haberse marcado el farol delante de la familia política recién estrenada y haber dicho: todo el mundo quieto que la fiesta corre de mi cuenta, y haber dejado el agua correr, y aquí paz y después gloria. Pero no. No. La bola entró. La avaricia rompe el saco y le hace quedar a uno peor que si sólo fuera un ladrón, porque éste, además, es un fildepú y un ordinario.

Andan por ahí en libertad con cargos pero con dinerito todavía. En este país el que roba y es pillado pasa unos días en la cárcel y luego sale a vivir del cuento y de lo que ha robado, que nunca se devuelve. Las maletas con billetes de quinientos euros han tomado rumbo a Zúrich en asientos de primera. En Suiza, además de buen chocolate, hay bancos con cajas fuertes a prueba de bombas.

La quiniela

Posted by El Perfecto Idiota | Posted in Inclasificables | Posted on 05-11-2009

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Soy aficionado a perder. Sí, le he cogido el gusto. Perder a la lotería es una afición muy extendida y yo he caído también. Tengo una amiga que es adicta a Euromillones, todas las semanas se juega parte del sueldo en boletos internacionales. Yo creo que prefiere que nadie gane para ver cómo se va acumulando el bote para la semana siguiente. Creo que está tan convencida de que nunca va a ganar que hasta ha prometido regalar motos a la mitad de los compañeros de trabajo. Vive por ver la cifra del bote cada semana más alta, a doce euros las seis columnas. No falla ninguna semana. Nunca le toca. Lo mejor es cómo elige los números. Según nos ha contado tiene un método matemático basado en el número de personas que visten de uniforme en el bar donde desayuna cada mañana. Si la mayoría son policías locales aplica un algoritmo, si son del supermercado aplica otro distinto, y si son de la empresa de limpieza aplica otro algoritmo con control realimentado. Creo que está perdiendo la cabeza con tanto número, tanta estrella y tantas ganas de no ganar. Mi amiga es ludópata y yo soy idiota, como reza el nombre de este teatro.

Empezaba mentando mi afición a perder en los juegos de azar, estoy acostumbrado. Cada semana me gasto las perras en jugar a Euromillones, al cupón, a la lotería nacional, arrastrado por mi amiga ludópata con el mismo éxito que ella, o sea, con ninguno.

Ahora bien, no les digo nada del placer que me produce jugar a la quiniela. Es que el simple hecho de ir por el boleto ya me hace estar nervioso. Pensar en el momento de repasar los encuentros y las clasificaciones antes de enfrentarme a la combinación que me puede hacer ganar es una experiencia religiosa que supero con temblores en las piernas. Echo tres columnas, uno con cincuenta. Cuando cojo el boli me atavío de varios amuletos que me cuelgo de las orejas y hago ejercicios de respiración antes de decidirme por la apuesta. 1, 2, X, 2, 1. Esta vez seguro que sí, me digo para animarme con la sexta casilla. Cuando termino el pleno al quince soy como un dios, tengo en mis manos un futuro prometedor. Paseando voy a la lotera a sellar mi boleto sin caber en mí de gozo. ¡Qué sensaciones, qué pálpitos, qué éxtasis! Ésta es la mía, pienso una semana y la siguiente, y la anterior, y la próxima seguro que lo vuelvo a pensar. Cuando salgo de la administración de loterías es que soy un hombre distinto, llevo en mis manos combinaciones únicas de triunfador. Y así es, triunfo disfrutando del placer que me produce jugar a la quiniela, porque ni acierto trece, ni doce, ni once, ni siquiera diez, como mucho seis en cada columna. Y ahí sigo, jugando a la quiniela y pensando en la próxima jornada, deseando que la liga no termine nunca. Real Madrid Barcelona 2.