Divinidades
Escrito por El Perfecto Idiota | Clasificado en Opinión | Escrito el 24-11-2009
Etiquetas: alfombra roja, economia, mitin, PSOE, the economist
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Este fin de semana andaban de fiesta nuestros queridos socialistas. No sé qué celebraban, pero bueno, el hecho es que emanaban felicidad como niños bajo la piñata de un cumpleaños. Como son únicos preparando el circo, se habían esforzado en representar su pantomima por todo lo grande. Alfombra roja para recibir los errantes pasos disimulados de la caterva ministerial, que son muchos y de poco valor, los pasos y los ministros. No sé cómo se puede tener tanto descaro y poca vergüenza. Sólo se puede actuar así cuando se está convencido de que lo que tienes por debajo no es más que un rebaño de dóciles ovejas. Es lo que ansían, desde luego, el pasto y la rumia, la falta de crítica y el populacho contento malviviendo con subsidios y voto esclavo. Muy bonito. Y muy efectivo, desgraciadamente. Este es un país con vocación de pobre. Como dice un buen amigo con el que desayuno a veces, no hacemos más que apalear miseria, y cuando se maneja miseria sólo se puede aspirar a la mediocridad en la que nada esta clase política como pez en el agua.

La cosa en parte va de economía, lo cual debe hacernos recelar de lo lindo, pues todo se arregla echando mano, de nuevo, a la cartera ya vacía de una clase media harta de sufragar el despilfarro y la mala gestión de quien no es capaz de hacer ni la o con un canuto que no se fume. Prometen una Ley de Economía Sostenible, cuyo anteproyecto verá la luz el próximo viernes. Apuesto por un fin de semana de análisis del intervencionismo feroz al que pretenderán someternos, en un nuevo paso sobre alfombra roja de los que nos dirigen. En los últimos días zetapé ha hecho gala de sus altaneras dotes adivinatorias. Ha llegado a decir que la recuperación económica de España ocurrirá en algún momento, alineándose veinticinco astros para que comprendamos el significado de “en algún momento”, o sea, en algún momento, absolutamente indeterminado pero cierto, como cierto será que saldremos de la crisis, y cierto será que daré algún día con mis huesos en una caja de pino de frías aristas. Decir eso y no decir nada no es lo mismo, porque al no decir nada no se queda como un auténtico soplapollas, que es la imagen que me traslada el presidente. De la misma forma, en un alarde de indefinición, ha dicho en una conferencia organizada por la revista The Economist, que no sabe con qué fuerza ni con qué progresión ha comenzado la recuperación económica (¿en España?, si los entendidos dicen que lo peor viene en 2010) y que no sabe cuándo tendrá la economía española fuerza suficiente como para crear empleo. Todo esto es no decir nada, pero él da a las palabras ese soniquete tan suyo que hace que suenen a música celestial en sus oídos y en los tímpanos poco doctos, que son muchos y con derecho a voto.

Y respecto de los mítines teledirigidos como el del fin de semana, ¿cómo puede haber gente capaz de sentarse detrás de la tribuna de oradores a ondear banderitas como anormales marionetas del politicucho de turno, a aplaudir cuando lo ordenan y a levantarse con la sonrisa profiden en un éxtasis de placer generado por el discurso tantas veces repetido? Bochornoso el espectáculo de unos y de otros.


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