El mostrador
Escrito por El Perfecto Idiota | Clasificado en Inclasificables | Escrito el 11-11-2009
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Estas líneas no abordan bares de mala muerte donde la gente se acode a ver pasar las horas del día, donde se pasen los lunes al sol al compás del Veterano. Esta breve historia es sobre una chica que he conocido, canela fina, especias del oriente de Marco Polo, manjar de dioses.
Esta ninfa va con el mostrador siempre puesto. Perfectas condiciones para pasar revista, eternamente impoluto y en buena forma, a disposición de la superioridad militar a tempranas horas de la mañana. Toque de diana y gravedad inexistente, naturaleza contrariada. No sé cómo lo hace, pero lo consigue día a día. El peso cambió de sentido y se olvidó de apuntar hacia el suelo. Siempre hacia arriba. Siempre hacia delante. Zapadores en la vanguardia de la formación abriendo camino a las tropas confiadas.
Mi amiga absorbe miradas de jóvenes y viejos. Es un imán por donde pasa y no exagero. Soy notario que da fe.
Mi amiga tiene dos razones para ir triunfando por la vida. Razones de peso, a kilo y medio por lo menos, con m de melón de Benamejí, que también lleva m pero en medio.
Tengo un amigo medio tonto hipnotizado, que no separa sus ojos de las redondeces. Siempre comenta las novedades de la moda, que si hoy dejas tres cuartos, que si medias, que si enteras. Eso es lo que él quisiera, la muestra entera lista para la acción.
Mi amiga tiene dos tetas como dos carretas y yo hago esfuerzos ímprobos por recordar su cara, que se nubla en mi débil memoria de idiota. Ahora la recuerdo, creo que tiene los ojos castaños, pero no podría asegurarlo. Voluptuosas razones de peso.














